El respeto a los ancianos. Primer precepto de la urbanidad.
Débase mostrar mucha veneración a los ancianos, cederles siempre el lugar reconocido por preferente y procurar no contradecirles jamás. Cuando nos creamos con derecho de hacerles alguna observac.ión, guardemos una moderación respetuosa, que lejos de indisponerlos contra nosotros, les inspire una dulce confianza y les empeñe a escucharnos favorablemente.
Burlarse de un anciano es lo mismo que atropellarle, insultarle, y como el ofendido carece de fuerza para pedir satisfacción, resulta que el opresor es un cobarde y qua falta a los primeros deberes de la justicia y de la Urbanidad. No hay duda que ciertos ancianos son regañones, coléricos; pero esta falta es más bien la edad que del individuo, y no nos exime de las atenciones generales a que son acreedores
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